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CHIAPAS



Uno de los retratos del reportaje sobre Chiapas que hice en el 98. Desde entonces, éste en concreto, lleva acompañándome de una forma especial. Una gran mujer para hoy. ( 8-3-2012)

Madrid 8-3-2013  ( Metro:Pacífico, 18:00h)

Hoy ha sido un día de cumpleaños de bolas. Para los que tienen niños, todavía pequeños, saben a que me estoy refiriendo. En concreto tres cumpleaños, en el mismo sitio. Había muchos niños y muchas madres. Madres de todos los tipos. La mayoría currantas y exhaustas un viernes por la tarde, más complicado de lo normal, por eso del tráfico imposible en el centro cuando llueve, el metro hasta las trancas y los buses a rebosar. Luego cuando llegas, el cumple de bolas es un griterío ensordecedor y es el calor que sientes allí agachada -todavía con el abrigo puesto, en la entrada, aplastada por otras madres y otros niños-, mientras le quitas las botas de goma y se las cambias por unos calcetines, y le pones el peto de color -que distingue al grupo de tu hijo de los otros grupos- y es el cansancio, después de todo el día porque has dormido mal, -y mientras, como digo, allí agachada pensando y con los ojos que se te cierran, hasta que por fin consigues enderezarte y tu hijo ha desaparecido, con otros veinte tras una red, donde esperan otros tantos brincando entre movimientos descontrolados, propios también de un viernes-, y es la impotencia, cuando tú ya sabes que no puedes hacer nada por él para salvarle dentro de esos cuatro pisos, de caos, goma y plástico, que le han engullido.

A mí, la verdad, es que como terapia de choque me ha venido bien. Porque no hay mejor terapia para devolverte a la realidad, y quitar ansias y tormentos, -por lo menos dos horas- que un baño de madres. Ya que por muy superficial, superfluo, innecesario...que pueda parecer un cumpleaños de bolas -con la consabida receta de que a estos niños de hoy no les falta de nada...etc.- creo que la abnegación y la entrega de cada una de esas madres sólo es comparable con el amor incondicional que sienten por esos niños, que ahora se oyen a lo lejos. Y pescando de aquí y de allá en el popurrí de sus palabras, de conversaciones entrecortadas, risas, comentarios de todo tipo..., sé que cada una de ellas se entregaría de la misma manera y optimismo, cualquiera que fueran las circunstancias, con o sin cumpleaños, con o sin cosas innecesarias y superfluas. De la misma forma, que sé que mi hijo, sería igualmente feliz con los otros veinte sin necesidad de esa jaula de colores, que maldita la gracia que en el fondo nos hace a todas, como bichos de ciudad que somos y nos han convertido.
 Por ello tengo, y quiero comparar, a mi mujer preferida zapatista y chiapateca, de la que no sé nombre ni edad -y que subí al blog hoy hace un año-, con mis estupendas, abnegadas y entregadas mamás. Que si son capaces de pasar toda una noche en vela, para hacer veinte disfraces de piratas y faldas de tutú, para las veinte compañeras y compañeros del "cumpleaños feliz" de su criatura, ¿Qué no serían y serán capaces de hacer?








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